Lo que comenzó como un incidente aislado el pasado 11 de abril, en las vísperas de las elecciones generales, se ha convertido en una grave denuncia de hostigamiento, abuso de autoridad y la ejecución de operativos policiales que, según los registros oficiales, nunca existieron.
La historia tiene como protagonista al ciudadano Alfredo Ruiz Vilchez, representante legal del establecimiento «Las Fariseas» SAC, ubicado en el kilómetro 89 de la carretera olmana.
Ruiz ha decidido romper el silencio y llevar su caso hasta las últimas consecuencias ante la Inspectoría General de la Policía Nacional del Perú (PNP), señalando directamente al Superior PNP Juan Manuel Mori Paico como el presunto orquestador de una campaña de amedrentamiento en su contra.

Amenaza bajo el sol de Olmos
Todo comenzó la tarde del 11 de abril de 2026. Según consta en el expediente administrativo, el Superior Mori Paico ingresó al local bajo el pretexto de verificar el cumplimiento de la «Ley Seca».
Sin embargo, lo que debió ser una diligencia rutinaria se transformó, según los testigos, en un acto de intimidación. El suboficial se habría dirigido al trabajador Jorge Luis Vilcherrez Odar con palabras desafiantes: «Si vendes alcohol, te voy a llevar detenido».
Lo extraño del procedimiento no fue la advertencia, sino la conducta posterior. Mori Paico procedió a anotar en hojas sueltas el nombre, DNI y número de celular del trabajador, a pesar de que no se constató ninguna infracción.
Esta recopilación de datos, realizada fuera de los formatos oficiales, fue interpretada por los dueños del local como una amenaza. Lejos de amilanarse, Ruiz Vilchez acudió el 18 de abril a la Oficina de Disciplina de Chiclayo para interponer una denuncia formal.
Represalia: «incursión pirata»
La respuesta policial a la denuncia ante Inspectoría no tardó en llegar, pero no de forma legal. El 29 de abril de 2026, a las 16:10 horas, el sistema de videovigilancia de «Las Fariseas» registró una escena que hoy es la prueba del caso, el patrullero de placa PG-684 ingresó al recinto.
Del vehículo policial descendieron dos efectivos con ropa de faena, quienes procedieron a realizar lo que denominaron un «operativo».

Sin embargo, fuentes internas de la Comisaría Sectorial de Olmos, revelaron que en la fecha indicada no existe ninguna Orden de operaciones que autorizara dicha intervención.
Más grave aún, en el Registro de Ocurrencias o Libro de Novedades de la Guardia —documento sagrado en la administración policial donde se registra cada movimiento de las unidades— no se encontraría nada, respecto a la “misión” del patrullero PG-684 en ese horario y lugar.
Esta «incursión pirata», realizada sin la presencia del Ministerio Público y sin la existencia de flagrancia delictiva, constituye para la defensa de Ruiz Vilchez una prueba irrefutable de hostigamiento.
«Estamos ante el uso de recursos del Estado —combustible, patrullero y horas hombre— para fines de venganza personal», señaló la representación legal del denunciante.

Silencio Institucional
El silencio en la dependencia policial de Olmos es sepulcral. Mientras tanto, las pruebas audiovisuales contenidos en una serie de videos de seguridad muestran a los uniformados moviéndose con total libertad por el local, ignorando que cada paso quedaba registrado.
La falta de un registro oficial convierte esta diligencia en un allanamiento ilegal, vulnerando el derecho constitucional a la inviolabilidad de domicilio.
Expertos en derecho administrativo señalan que el Superior Mori Paico y la tripulación del patrullero PG-684 enfrentan ahora un panorama sombrío. Bajo la Ley N° 30714, que regula el régimen disciplinario de la PNP, estas acciones califican como infracciones Muy Graves.
El caso ya ha sido elevado a Inspectoría General y se espera que en los próximos días la Fiscalía Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios tome cartas en el asunto.

Por ahora, el local «Las Fariseas» SAC sigue operando bajo el «miedo del asedio policial», mientras su propietario espera que la justicia llegue antes de que el siguiente patrullero sin orden aparezca en su puerta.
La pregunta que resuena en Olmos es ¿cuántas de estas «intervenciones fantasma» ocurren a diario, sin que una cámara de seguridad las registre?.
Por ahora, el patrullero PG-684 y el Superior Mori Paico tienen mucho que explicar ante la ley.

