Tres individuos de contextura delgada, vestidos íntegramente con prendas oscuras y con el rostro cubierto con pasamontañas —para evitar ser identificados— fueron los que, en la madrugada del 18 de junio 2026, ejecutaron el robo de 9 televisores de la I.E. Tupac Amaru de Tumán, según registros de las cámaras de videovigilancia del plantel.
En el material audiovisual al que tuvo acceso este medio, se observa a uno de los delincuentes que fue captado portando una cizalla manual, utilizada habitualmente para vulnerar candados y sistemas de seguridad. Los sujetos se desplazaron con aparente conocimiento de la distribución interna del colegio “como Pedro en su casa” recorriendo pasillos y aulas con tranquilidad mientras ejecutaban el robo de los equipos tecnológicos valorizados en más de S/25 mil.

Robo planificado
No fue un robo improvisado. No fueron oportunistas que aprovecharon una puerta abierta o un descuido del vigilante. Las cámaras de seguridad de la I.E. registraron una operación ejecutada con precisión, tranquilidad y aparente conocimiento previo del objetivo.
Durante más de una hora, los encapuchados recorrieron las instalaciones, del primer y segundo nivel del la I.E; violentaron ambientes específicos, extrajeron los televisores y desaparecieron sin encontrar resistencia. Pero un elemento hallado durante el análisis de los fotogramas podría cambiar el rumbo de la investigación. Uno de los sujetos fue captado portando una cizalla manual, herramienta utilizada habitualmente para forzar sistemas de seguridad.
El robo fue descubierto alrededor de las 5 de la mañana cuando el vigilante del plantel alertó a las autoridades tras advertir que varios ambientes habían sido vulnerados. La Policía de la Comisaria Sectorial de Tuman, llegó al centro educativo para iniciar las diligencias, mientras la dirección revisaba las grabaciones de videovigilancia.

Video revelador
Las imágenes muestran que cerca de las 2:50 de la madrugada un primer individuo aparece en uno de los corredores del colegio. Minutos después surge una segunda silueta. Ambos se desplazan con aparente familiaridad por los pasillos, observando los ambientes sin mostrar señales de apuro.
La reconstrucción videográfica, a partir de dieciséis fotogramas consecutivos, ha permitido establecer que los sujetos no recorrieron el plantel al azar. Por el contrario, se dirigieron directamente hacia ambientes donde posteriormente se reportó la desaparición de equipos tecnológicos.
Uno de los hallazgos más importantes del análisis corresponde a un fotograma donde uno de los encapuchados aparece sosteniendo la herramienta metálica de gran tamaño. La imagen resulta particularmente significativa porque evidencia que los individuos llegaron preparados para enfrentar cerraduras, candados, cadenas, u otros sistemas de seguridad.
Para los investigadores, la presencia de esta herramienta constituye un indicio de planificación previa. Los delincuentes no ingresaron simplemente para explorar el lugar. Llegaron equipados con instrumentos que les permitían vulnerar accesos y alcanzar ambientes específicos donde se encontraban los bienes de valor.
Tras recorrer los corredores, los sujetos se dirigieron a la sala de audiovisuales. Allí permanecieron varios minutos manipulando el acceso hasta lograr ingresar. Poco después, las cámaras registran la salida de uno de ellos cargando el primer televisor sustraído.

Sin embargo, el robo recién comenzaba.
Lejos de abandonar las instalaciones, los delincuentes continuaron desplazándose por el colegio en busca de más equipos. Las grabaciones muestran cómo se dirigen hacia un segundo ambiente. En ese momento aparece una tercera persona, confirmando la participación de al menos tres individuos en la operación.
Secuencia revelan organización poco común.
Mientras uno de los sujetos intenta abrir la puerta del segundo ambiente, otro permanece observando el corredor. Una vez que logran ingresar, los tres encapuchados se concentran dentro del aula. Durante varios minutos permanecen en el interior revisando el recinto mientras uno de ellos asume labores de vigilancia externa.
Las imágenes muestran cómo el vigilante improvisado controla permanentemente el corredor mientras sus acompañantes continúan trabajando dentro del aula. La distribución de funciones resulta evidente, unos buscan y extraen equipos, mientras otro vigila posibles movimientos en el exterior.
«Como pedro en su casa»
Minutos después, las cámaras captan una nueva escena reveladora. Los sujetos reaparecen transportando otro televisor. El equipo es retirado del ambiente y llevado por los pasillos con absoluta tranquilidad hacia el exterior, en donde probablemente un cuarto individuo los espera en un vehículo.
Sin embargo, uno de los fotogramas, que revela la calma con la que actúan, resulta tan llamativa como el propio robo. Ninguno corre, no temen ser descubiertos. Incluso cuando ya han logrado apoderarse de los equipos, los delincuentes se toman varios minutos para cerrar accesos y reorganizar su retirada.

Dos de ellos abandonan primero el sector mientras el tercero permanece manipulando la puerta antes de emprender el mismo camino. Finalmente, el último integrante del grupo desaparece del campo visual de la cámara, poniendo fin a una incursión que dejó a la institución educativa sin herramientas fundamentales para el desarrollo de sus actividades académicas.
Perjuicio para educandos
El director del colegio, Milton Bazán, expresó su preocupación por el perjuicio ocasionado a cerca de mil estudiantes. Los televisores y demás equipos robados eran utilizados en actividades pedagógicas y proyectos tecnológicos que forman parte del proceso de enseñanza.
«Pedimos el apoyo de la ciudadanía para identificar a los responsables», señaló el directivo.
Mientras tanto, la Policía continúa analizando las grabaciones y recopilando evidencias para determinar la identidad de los autores.
La reconstrucción de la secuencia deja varias interrogantes abiertas. La presencia de una herramienta especializada para vulnerar accesos, el desplazamiento directo hacia los ambientes donde se encontraban los equipos, la coordinación observada entre los participantes y la tranquilidad con la que ejecutaron cada movimiento fortalecen una hipótesis que ahora cobra fuerza entre los investigadores, los delincuentes no llegaron a improvisar. Sabían exactamente qué buscar.

